Miles de personas esperan cada año el tradicional Desfile de Silleteros como el cierre de la Feria de las Flores. Para Erika Londoño esta celebración es la oportunidad de honrar un legado familiar que ha pasado de generación en generación y que este domingo 9 de agosto volverá a recorrer las calles de Medellín.
Erika hace parte del equipo de nómina de la Organización VID, pero fuera de su jornada laboral se convierte en una de las guardianas de una de las expresiones culturales más representativas de Antioquia. Nació y se crió en la vereda Barro Blanco, en el corregimiento de Santa Elena. Pertenece a la cuarta generación de una familia silletera.
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«Uno no se enamora de las silletas; uno nace con ese amor. Desde mis bisabuelos, abuelos, papás, tíos, hermanos y ahora mi hija hacemos parte de esta manifestación cultural», cuenta.
Desde pequeña aprendió que ser silletera significa mucho más que cargar flores. Es conocer la historia del territorio, cuidar la tierra, aprender las técnicas de elaboración de las silletas y mantener viva una tradición que se transmite a través de la palabra y del ejemplo.
Este será su desfile número 19 en Medellín cargando una silleta monumental, categoría en la que participa desde hace 18 años, después de haber iniciado en la categoría tradicional cuando el Desfile de Silleteros cumplió 50 años.
Detrás de una silleta hay meses de trabajo
Aunque el desfile dura unas horas, la preparación comienza mucho antes. Durante meses, Erika y su familia diseñan la silleta, construyen la estructura, cultivan e intercambian flores y organizan cada detalle para que el resultado sea impecable.
En los días previos al desfile las jornadas son intensas. Dormir apenas un par de horas se convierte en parte de la rutina mientras toda la familia trabaja unida para terminar la obra floral.
La silleta que llevará este año pesa aproximadamente 80 kilogramos y recorrerá los 2,4 kilómetros del tradicional desfile por las calles de Medellín.
«Si trasnochamos, trasnochamos todos; si madrugamos, madrugamos todos. Esa unión familiar es lo más bonito de esta tradición», dice.
Un legado que también florece en las nuevas generaciones
Para Erika, conservar esta tradición también significa asegurar que continúe en el futuro. Por eso ha compartido desde siempre este legado con su hija Sara, quien ha participado en los eventos silleteros desde que tenía apenas diez meses de nacida.
Hoy, con 16 años, conoce la historia de la cultura silletera, participa en diferentes actividades y sueña con desfilar oficialmente en Medellín cuando alcance la mayoría de edad.
Una historia que también hace parte de la Organización VID
La historia de Erika con la Organización VID comenzó cuando tenía 18 años, durante su práctica como secretaria ejecutiva bilingüe. Aquí encontró su primer empleo formal y el apoyo que le permitió estudiar Contaduría Pública.
Durante cerca de diez años hizo parte de diferentes áreas de la Organización. Después de un tiempo fuera, regresó para integrarse nuevamente al equipo de nómina.
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«Siempre he sentido que esta es mi casa. Amo a la Organización VID, me identifico con sus valores y estoy muy feliz de haber regresado», apunta.
Desde la Organización VID celebramos su dedicación y nos llena de orgullo saber que una de nuestras colaboradoras llevará sobre sus hombros no solo una silleta monumental, sino también el legado, la identidad y la riqueza cultural de Santa Elena y de Antioquia.












