Cuidarnos cada día Imprimir E-mail
 
 
Detente por unos momentos cuando estás almorzando y toma conciencia de cada una de las cosas que están en tu plato. ¿De dónde provienen? El arroz por ejemplo: sembrado por campesinos y campesinas en tierras húmedas. La papa, viene de debajo de la tierra, arrancada por hombres y mujeres, luego de ser cultivada cuidadosamente para obtener buenas cosechas. La carne o el pollo, de animales que viven de lo que la tierra da o de concentrados también elaborados por seres humanos. La lechuga, fruto también de nuestra madre tierra. Y, además, ¡cuánta agua fue necesaria para que todos estos alimentos nos lleguen! Y así todos los demás alimentos: frutas, cereales, leche, etc. Y mientras comes, sigues respirando el aire que se te da gratuitamente y que gracias a los árboles todavía podemos disfrutar, aunque ya muy viciado por nuestras actividades realizadas irresponsablemente.
 
El Papa Francisco escribe en su hermosa y comprometida encíclica Laudato si’: “Nuestro propio cuerpo está constituido por los elementos del planeta, su aire es el que nos da el aliento y su agua nos vivifica y restaura” (N. 2).
 
Estamos radicalmente conectados con la tierra, la cual, a su vez, está conectada con todo el universo. Nuestras conexiones son universales y nos incluyen a todos, pues sin los demás, ninguno de nosotros podría estar vivo. Formamos, por ello, sin darnos cuenta, una verdadera red vital, somos uno con todo y todos.
 
Por esta honda interrelación que tenemos en nuestro planeta, la tierra, el universo y los otros, tenemos el imperativo ético de cuidarnos de forma integral. Cuando nos preocupamos activamente por nuestro planeta, nos preocupamos por cada uno de nosotros, por los otros y por mí. Pensamos, entonces, como miembros vivos que conformamos un organismo mucho mayor que la individualidad de cada uno. Somos la consciencia del universo, y por ello tenemos el deber moral de cuidarnos. Pero como tenemos libertad, podemos no usarla correctamente sino de forma irracional, como está pasando ahora.
 
Por ello quisiera que tuviéramos muy en cuenta las recomendaciones que nos hace el Departamento de Gestión Ambiental de nuestra Organización. Desde ahí se nos ayuda para que nuestra conciencia se active en comportamientos orientados al cuidado del otro, cuidando el planeta para todos.
 
Recordemos que quienes más sufren las consecuencias del cambio climático son los más pobres, que se ven obligados a irse a los lugares más riesgosos. Así lo afirma el Papa en el documento citado más arriba: “De hecho, el deterioro del ambiente y el de la sociedad afectan de un modo especial a los más débiles del planeta: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre»”[N. 48]. Si cuidamos el planeta, los cuidamos a ellos. Un comportamiento ecológico responsable es también un comportamiento socialmente compasivo.
 
El Departamento Ambiental nos recomienda:
 
• Servir solo los alimentos que voy a consumir y no dejar sobras.
 
• Separar los residuos sólidos que genero, de acuerdo al código de colores de los recipientes (gris, azul y blanco: aprovechables. Verde: no aprovechables y Rojo: peligrosos)

• Imprimir solo lo estrictamente necesario.

• Utilizar el aire acondicionado solo cuando es necesario y a una temperatura de 21 grados centígrados.
 
• Compartir el vehículo con mis compañeros de trabajo en los desplazamientos a la oficina.
 
• Utilizar el transporte público, caminar o usar la bicicleta, en mis desplazamientos al trabajo.
 
• Aprovechar la iluminación natural y apagar la luz cuando no estoy en mi sitio de trabajo.
 
• Apagar la pantalla del computador cuando estoy ausente o utilizar el modo suspensión.
 
• Utilizar la comunicación persona a persona, evitando correos electrónicos, que consumen energía y requieren servidores para el almacenamiento de la información.
 
• Decir “NO” a utensilios desechables o de un solo uso.
 
• Consumir agua de la llave y no embotellada.
 
• Recolectar en un frasco plástico el aceite de cocina usado y llevarlo a los puntos de recolección (Inicialmente operando en Cardio VID).
 
• Separar en la casa las pilas y baterías, y llevarlas a los puntos de “Recopila” disponibles en todas las Obras y Sedes.
 
• Reportar inmediatamente daños o fugas en las tuberías de agua.
 
• Separar y entregar los aparatos eléctricos y electrónicos a los puntos de Tecnoclaje de la Institución (Inicialmente Casa Sede y Clínica Cardio VID).
 
• Nunca arrojar residuos sólidos por el sifón del lavaplatos.
 
• Utilizar solo las toallas de papel que sean necesarias.
 
Recordemos siempre: no estamos solos, todos estamos conectados, una acción mía tiene consecuencias para los demás… por ello, seamos conscientes y responsables. Cuidémonos unos a otros cuidando nuestra casa común.
 
 
José Roberto Arango Londoño, SJ.




 
 

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Ignacio no había despertado todavía. Y en medio de su somnolencia, debido a los modelos propios de su época, por allá a comienzos del siglo XVI, se le aparecían armaduras, lanzas, batallas, hazañas de guerra al servicio de los gobernantes de su tiempo. También le sobrevenían imágenes de mujeres de alta nobleza a quienes se imaginaba conquistando y haciendo grandes cosas por ellas, para conquistar su corazón. Así creció Ignacio y trató de hacer realidad esos sueños que le proponía su ambiente.
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