Cultura: Identidad y Transformación Imprimir E-mail
 
 
La cultura de una organización le da identidad a la misma, es decir, permite diferenciarla o distinguirla de otras. En efecto, por cultura organizacional entendemos: «el conjunto de rasgos distintivos, espirituales, materiales, intelectuales, emocionales que caracterizan y soportan a la Organización VID, fundamentados en nuestro sistema de valores, creencias y tradiciones» (Plataforma Estratégica Institucional 2019 – 2023).
La cultura reúne características que vienen desde los mismos orígenes de una organización y que le han dado un talante particular. En el caso de la Organización VID, en cuanto que es la institución administrativa de todas las obras de la Congregación Mariana, tiene una serie de características que la distinguen desde su inicio. Por ejemplo, que su objetivo fundamental es el beneficio social para toda la sociedad, especialmente para los más pobres. A su vez, este objetivo está impulsado e inspirado en el evangelio que llama a ser misericordiosos y compasivos y nos envía a que, siendo así, evangelicemos a los demás. Por ello, en el inicio de nuestra organización existe un impulso apostólico que echó a andar la Congregación misma y, luego, debido al crecimiento apostólico, surgió la Fundación Santa María, hoy Fundación Organización VID. En consecuencia, quienes trabajamos en la Organización, seamos o no congregantes, somos verdaderos apóstoles, en cuanto enviados a producir los frutos que hemos expresado hoy en nuestro propósito, misión, indicadores y mega meta, con los cuales pretendemos seguir evangelizando.
 
Esta evangelización la hacemos visible a través del ejemplo y del servicio eficaz y de calidad, es decir, a través de una acción corporativa discernida, planeada, evaluada y mejorada constantemente.
 
Si ser apóstol significa ser enviado a una misión, es indispensable que el apóstol sea a su vez discípulo, es decir, que oiga a quien lo envía, oiga a qué lo envía y siga los lineamientos concretos para el desarrollo del envío. Esto implica desarrollar una actitud permanente de escucha y de obediencia, pues su misión, a la que ha sido enviado, no es suya, sino del que lo envía, y no se la puede apropiar como obra de sus manos solamente. Esta escucha exige, por tanto, discernimiento continuo el cual, a su vez, supone un autoconocimiento de sus propios sentimientos, sensaciones, aversiones, afectos, etc., para poder comprender la voz del que lo envía y no confundirla con la suya propia.
 
Así pues, el hábito del discernimiento está orientado a una mejor realización de la misión, es decir, se trata de discernir para servir mejor.
Entonces y como vivencia concomitante al mejor servicio, vivimos la verdadera trascendencia. Justo aquí es cuando nos reconocemos a nosotros mismos, cuando aparece nuestra verdadera identidad: en el servicio, fiel y solidario, para ser mejores todos. Esa es nuestra identidad.
 
Como se puede deducir de lo anterior, si bien la identidad hace referencia necesariamente a un origen en los inicios de la institución, tales características iniciales traen consigo una necesaria dinámica que es la del discernimiento para mejorar siempre. Por tanto, nuestra cultura está impregnada desde sus orígenes, de una fuerza transformadora constante, que se resume con el clásico término ignaciano magis (más, mejor). Por ello, está siempre en camino, animada por su origen apostólico y jalonada por el deseo de ser más para servir mejor. Nunca podemos estar quietos, ni sentir que llegamos al punto ideal. Eso sería el final de nuestro servicio.
 
Dedicaremos este año 2019 a profundizar en los aspectos a los que hemos aludido en este texto, cobijados con el título Cultura: identidad y transformación. Esos elementos son algunos de los componentes principales de nuestra cultura que nos identifica y nos mantiene en camino. El objetivo es que, al profundizar en ellos, veamos impactado el quehacer cotidiano de nuestras obras.
 
Por ello queremos que la metodología que empleemos siempre nos refiera a la acción, teniendo presente lo que hemos avanzado en los dos años anteriores ya que los frutos de ese trabajo se han ido concretando al bajarlos a la planeación estratégica y a las metas de cada año.
 
 
José Roberto Arango Londoño, SJ.
Director General Congregación Mariana

 
 

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El Maestro
 
 
La palabra maestro viene del latín magister –el que está más experimentado en alguna actividad y por ello lidera, dirige y ordena-. Esta palabra tiene dos componentes: magis que quiere decir ?más’, lo cual nos resulta familiar por la espiritualidad ignaciana que busca siempre lo que más conduce para lograr el fin para el que somos creados, ser más para servir mejor… El otro componente es el sufijo –ter que denota contraste. En conclusión, el maestro es una persona que se destaca por contraste con otros (cfr. http://etimologias.dechile.net/?maestro).
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