El Papa Francisco: auténtico profeta Imprimir E-mail
 
 
“Felices los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el Reino de los Cielos” (Mateo 5, 10). Así dice la octava de las bienaventuranzas que nos presenta el evangelio de Mateo.

En esta recopilación de la manera de proceder de la acción de Dios en los hombres y mujeres que se dejan guiar por Dios, el evangelista resalta lo que los primeros seguidores de Jesús vieron en él y aprendieron, al verlo a él, que así mismo es Dios: cercano a los más pobres a quienes acoge porque se sienten necesitados de él, consolador de los que sufren, que se deja ver por los limpios de corazón, sin doblez, transparentes a la misma acción suya; Él es la verdadera posesión de los sin tierra quienes confían totalmente en él, pero que esperan en él siendo misericordiosos: ellos alcanzarán la misericordia de Dios y su favor. En Cristo, Dios es el trabajador incansable por la paz y, quienes siguen este mismo camino, serán llamados hijos de Dios.
 
Siguiendo de cerca las palabras del Papa Francisco y todas sus acciones cercanas, comprensibles, llenas de ternura y de compromiso firme con los migrantes, los pobres y los que más sufren… mirando su manera de proceder como máximo jerarca de la Iglesia Católica que quiso desde el inicio desposeerse de todo signo de grandeza y lujo, cambiando su vivienda del Palacio Pontificio por la sencilla residencia de Santa Marta, o lavando los pies a mujeres prisioneras, incluso de otras religiones… viendo cómo rompe los protocolos para acercarse a los enfermos a los niños y a los pobres… oyéndolo, mirándolo y viéndolo en todo su comportamiento, hemos sentido en la gran mayoría de la Iglesia Católica y de muchos otros, incluso no creyentes, que algo nuevo está pasando y que le da un rostro más auténtico a la Iglesia y al mundo. Algo nuevo que en realidad es antiguo, pues ya Jesús nos había mostrado cuál es la verdadera experiencia de Dios: buscar la justicia y la misericordia en toda nuestra vida. En efecto, ya el profeta Miqueas lo decía: ¿Y qué es lo que demanda el Señor de ti, sino solo practicar la justicia, amar la misericordia y caminar humildemente con tu Dios? (Miqueas 6,8).
 
Sin embargo, como lo hemos constatado en días pasados, el Papa no es bien visto por todos. También tiene quienes lo calumnian y persiguen. Lo triste es que estos ataques le vienen desde el seno mismo de la Iglesia, de aquellos que han ocupado posiciones “importantes” dentro de la jerarquía y que tienen, han tenido o quieren poder, simplemente porque se les han pegado los criterios de este mundo de dominación y opresión. Las palabras del Papa ciertamente incomodan a esos que ocupan altas posiciones para beneficio propio. Francisco ha sido muy valiente al denunciar el clericalismo de muchos miembros ordenados de la Iglesia, porque es una manera de proceder que lleva a abusos de todo tipo.
 
El profeta es capaz de descubrir en la realidad actual la acción silenciosa de Dios y mostrarla, anunciarla con alegría (tema central del anuncio del Papa) y denunciar con valentía lo que se le opone. Al recibir calumnias y tener la oposición y persecución que últimamente se ha hecho manifiesta, podemos ver en el Papa a un auténtico profeta, pues este encuentra alegría aún en la persecución por causa de la buena noticia que anuncia. La bienaventuranza que escribimos al principio concluye diciendo: “Felices ustedes cuando los injurien, los persigan y los calumnien de todo por mi causa. Alégrense y estén contentos pues la paga que les espera en el cielo es abundante. De ese mismo modo persiguieron a los profetas anteriores a ustedes” (Mateo 5, 12).
 
Francisco está en la línea de los verdaderos profetas de siempre, los del antiguo testamento o los actuales, tanto cristianos como no cristianos que fueron perseguidos incluso hasta la muerte, como monseñor Romero en el Salvador, o Angelleli en Argentina, o Martin Luther King o el mismo Ghandi. Su legado permanece. El mismo Jesús fue perseguido y llevado a la muerte por las autoridades religiosas de su tiempo.
 
Unámonos al Papa, oigamos su enseñanza, no desistamos, y continuemos orando por él.
 
José Roberto Arango Londoño, SJ.
Director General Congregación Mariana

 
 

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