¡Ahorrar es cuidar los recursos propios y los de la sociedad! Imprimir E-mail
 
 
“¡Ahorrar es muy importante!”, esta es una frase que hemos escuchado en toda nuestra vida, y con la que generalmente nos imaginamos una serie de comportamientos financieros que nos ayudan a cumplir metas, sueños y propósitos personales.
 
 
Pero el ahorro es un concepto mucho más amplio y tiene varias dimensiones, que compartiremos con motivo del Día del Ahorro que se celebra este 31 de octubre.
El origen del ahorro se remonta a las antiguas civilizaciones, como por ejemplo las egipcias, chinas e incas, que tenían por costumbre guardar parte de sus cosechas para épocas de más necesidad.

El sistema de ahorro como tal nació en la época medieval y fue en el año 1462 cuando se constituyó la primera Organización del Ahorro en Italia, que recibió el nombre de “Monte de Piedad”, creada por monjes franciscanos, que pretendía ofrecer protección de los bienes de sus integrantes.
 
El ahorro, no solo se refiere a un ámbito personal y financiero, sino que también abarca dimensiones sociales y ambientales que nos permiten vivir equilibradamente con nuestros recursos naturales no renovables como el agua, los metales, el petróleo, entre otros.

Por esto el ahorro es uno de los hábitos más importantes que podemos tener y promover en las personas que nos rodean, pues nos ayuda a mitigar el consumo desmedido que tenemos actualmente como sociedad.
 
¿Cómo podemos fomentar la cultura del ahorro y ser consumidores responsables?

• Siendo conscientes de nuestros ingresos personales, disminuyendo los gastos y pensando en nuestras prioridades y metas.

• Practicando la Regla de las 3R: reducir, reutilizar y reciclar. Estas tres acciones nos ayudan a tirar menos basura, ahorrar dinero y ser consumidores más responsables, y así reducir nuestra huella de carbono. Y antes de comprar sumar dos “erres” más: las de respetar y reflexionar.
 
• Haciendo un uso consciente de los recursos naturales no renovables como el agua, el petróleo, los minerales, entre otros.
 
• Consumiendo lo necesario: es recomendable pensar antes de adquirir un producto si realmente lo necesitamos o no. También hay que valorar la opción de intercambiar, reutilizar o reparar antes de reemplazar un producto.

• Comprando productos reciclables: evitar los desechables, optar por los productos que puedan ser reciclados y que puedan tener vida más allá de nuestro período de utilización. Los artículos de usar y tirar (pañuelos de papel, servilletas, papel de cocina, etc) tienen un gran costo ambiental que favorece la contaminación y la acumulación de residuos ya que no se degradan nunca y no se pueden reciclar.
 
 
 
 
 

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